

María Sagheddu nació en Dorgali (Cerdeña) el 17 de marzo de 1914 en el seno de una familia de pastores. Desde muy joven demostró tener un carácter fuerte, orgulloso, decidido y poco dado a los compromisos. Hacia los 18 años se produjo un giro decisivo en su vida. La muerte de su padre y de dos hermanos pequeños, y sobre todo la de su hermana menor, Giovanna Antonia, de 17 años, la llevaron a cuestionarse el sentido de la vida y a vivir una profunda experiencia de fe. Se convirtió en catequista en Acción Católica y, a los 21 años, decidió consagrarse a Dios. Guiada en su discernimiento por su confesor, en 1935 ingresó en el monasterio trapense de Grottaferrata (Roma). Así abrazó la vida monástica cisterciense, centrada en la pobreza, el silencio, el trabajo manual, la obediencia y la caridad fraterna. Vivió esta vida cotidiana sin alarde, distinguiéndose por su humildad, su disposición a pedir perdón y su espíritu de servicio
La comunidad de Grottaferrata fue una de las primeras de Italia en abrirse al ideal ecuménico, gracias a los contactos de la abadesa, la Madre Pia Gullini, con el padre Couturier de Lyon. En enero de 1938, durante la octava de oración por la unidad de los cristianos, la hermana María Gabriella pidió ofrecer su vida. Pronto se manifestó en ella una forma grave de tuberculosis que, tras quince meses de sufrimiento ofrecido por la unidad, la llevó a la muerte el 23 de abril de 1939, domingo del Buen Pastor.
Pronto se difundió una fama de santidad y creció la comunión con algunas comunidades benedictinas anglicanas. Diversas gracias de conversión y signos místicos sugirieron iniciar la causa de beatificación.
Fue beatificada por el Santo Papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1983, en la Basílica de San Pablo Extramuros, en Roma. La encíclica «Ut unum sint» (1995) la presentará como modelo ejemplar para quienes dedican su vida al compromiso ecuménico. El papa Francisco la recordará en la exhortación apostólica «Gaudete et exsultate» (2018) por la ofrenda de su vida, a imitación de Cristo.
Su cuerpo descansa hoy en una capilla adyacente al monasterio de Vitorchiano, adonde la comunidad de Grottaferrata se trasladó en 1957.

