Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (Trapenses)



CISTER HOY Y MAÑANA

Síntesis conclusiva del Simposio sobre este tema
tenido lugar en Sao José do Rio Pardo, Brasil
25-30 de julio de 1999

El título mismo de nuestro encuentro expresa bien su finalidad y lo que hemos tratado de hacer durante estas cinco jornadas intensas. Se trata de darnos cuenta más plenamente, como monjes y monjas cistercienses, que estamos en la encrucijada de dos épocas y que, desde esta perspectiva, hay que mirar hacia el futuro para discernir, en cuanto se pueda, los caminos de Dios para el Císter al comienzo del tercer milenio.

Con este espíritu hemos mirado primero hacia el pasado, especialmente el pasado más reciente. A nivel de la historia estrictamente cisterciense, vemos que muchas de las diferencias entre los miembros de la gran Familia Cisterciense, especialmente la separación de esta última en distintas Órdenes canónicas, vienen de los hechos historicos de los últimos 200 años. La desconfianza que ha reinado entre dichas Órdenes comienza ahora a superarse y vemos que será sabio seguir las sugerencias del Sinaxis del año pasado e intensificar nuestra colaboración, sobre todo, a nivel regional. El presente Simposio es un buen ejemplo de este próximo paso hacia la plena comunión cisterciense.

Otra mirada hacia el pasado nos ha permitido ver más claramente el fuerte desarrollo del sentido social de nuestra época actual. A pesar de la caída del comunismo, vemos que, en el futuro, habrá que ser sensibles a las repercusiones sociales de ciertos elementos de la vida cisterciense, como son la posesión y el uso de la tierra, el tipo de trabajo practicado, la acogida de huéspedes y visitantes y, por los monasterios que lo tienen, el apostolado parroquial. La comunión y la colaboración con la Iglesia local ayudará al abad y a la comunidad a discernir en cada circunstancia lo que es mejor.

Más que estos elementos exteriores de la vida cisterciense, que miran hacia afuera, han sido ciertos elementos más internos que nos han interesado especialmente. Con una serie de conferencias de una cualidad excepcional, hemos reflexionado sobre el discernimiento de las mejores pistas hacia adelante en diferentes aspectos de nuestra vida. Estas dimensiones incluyen la realidad contemplativa en los distintos grupos cistercienses; la formación de las nuevas generaciones; la cultura cisterciense, basada en la humildad y caridad en una vida cenobítica, frente a una cultura de orgullo desenfrenado e individualista; el papel activo en dicha cultura de la Santísima Virgen y el servicio en la misma del discernimiento ejercido por el abad, totalmente ordenado a la vida de la comunidad.

Más en particular, nos impactaron tres conferencias pronunciadas por tres de nuestras hermanas, provenientes de lugares muy diferentes: Madre Agnes Timar, de Kismaros en Hungría, Madre Marta Driscoll de Gedono, Indonesia, y la Hna. Marie-Pascale Dran, Maestra de novicias en Chambarand, Francia. Basándose cada una en sus proprias experiencias, nos ofrecieron nuevas luces y un optimismo renovado, fundamentado en su fe en Dios que actúa por medio de la comunidad y de la gracia cisterciense. Así pudimos entrar más de lleno en la dinámica de ciertos aspectos de nuestra vida que parecen serán especialmente importantes y difíciles en el futuro inmediato. Dichos temas abarcan la separación del mundo y la pobreza en una cultura cada vez más tecnológica, la colaboración aumentada entre monjes y monjas, los diferentes aspectos y exigencias del sacerdocio de los monjes y la posibilidad verdadera de convertir los problemas de los candidatos actuales a nuestra vida en gracias de entrega y de trasformación interior.

Frente al nuevo milenio que se avecina, más aún, frente a un cambio de época que va hacia una sociedad cuyos rasgos no son nada claros en ninguna parte del mundo, terminamos esta semana de reflexión con un nuevo aprecio de dos realidades complementarias. Serán imprescendibles en el futuro que se nos acerca y han sido siempre, de modo explícito o implícito, el objeto de nuestra atención. La primera de estas realidades es el carisma cisterciense, esta gracia vocacional inmerecida, que cada uno de nosotros ha recibido personalmente del Espíritu Santo y nos capacita para responder a la voz de Cristo que nos ha llamado a ser, como dice San Bernardo, servidores, amigos y esposas de El, el gran Esposo de la Iglesia. Sin esta realidad carismática, los otros aspectos estudiados durante esta semana serían motivos de frustración en vez de trasformación.

La segunda realidad clave es el discernimiento benedictino, analizado para nosotros por Dom Joaquim Zamith, OSB, Abad Presidente de la Congregación benedictina brasilera. La Regla de San Benito deja muchos elementos de la vida sin fijar, abiertos al discernimiento necesario del abad, que se realiza, sobre todo, en comunión con la comunidad, como se describe en el Capítulo 3 de la Regla. Este discernimiento incluye el discernimiento interior de los espíritus, como se ve en los capítulos sobre los oficiales y sacerdotes de la comunidad, pero abarca todos los aspectos de la vida, desde la comida hasta los trabajos y la misma Liturgia. Puesto que el futuro del mundo en que vivimos no es claro y los cambios serán profundos, el don y la práctica del discernimiento será de gran importancia para cada monasterio. Las decisiones más importantes se harán con mucha frecuencia a nivel local y el discernimiento queda como el instrumento necesario para todos.

En este mismo sentido nos parece muy indicado aplicar a cada una de nuestras comunidades lo que la Madre Agnes de Kismaros ha dicho de la suya:

"Lo que nos caracteriza es que todas somos responsables, unas para con otras, y que cada una tiene parte en esta responsabilidad común. Somos responsables para los monjes y monjas de los otros monasterios, para los cristianos y los no-cristianos. Nuestro Redentor Jesucristo murió sobre la cruz por todos y esta responsabilidad común no es cuestión de nuestra elección o decisión personal, sino porque Dios ha creado el mundo así."


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