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Beato EUGENIO III

 

 

          

 

          El 850º aniversario de su muerte, el 8 de julio de 2003 está precedido en Tre Fontane de una semana de celebraciones y reuniones donde se abordan los aspectos biográficos e históricos, y las implicaciones contemporáneas de la  figura de quien decía Juan XXIII : “qué bien me vendría parecerme a él”.

           

          Nacido en Pisa, Italia, Bernardo PAGANELLI era probablemente prior de San Zenón cuando tuvo su primer encuentro con San Bernardo. Hecho monje en Claraval, sale en el otoño de 1139 para hacer una fundación en Italia. Implantada primeramente en Farfa, la nueva comunidad, por petición de Inocencio II, se trasladará el 25 de octubre de 1140 al monasterio San Vicente y San Anastasio, en Tre Fontane, a las puertas de Roma. 

           

          Cinco años más tarde, a la muerte de Lucio II, Bernardo, que desde 1141 era abad de Tre Fontane, es elegido papa por unanimidad con el nombre de Eugenio III, el 15 de febrero de 1145. San Bernardo expresó a los electores sus propias reservas ante la elección de una persona “inexperta y frágil”. Pero uno de ellos le responde: “el Señor se dignará otorgarle al momento tantas gracias que aventajará a muchos de sus predecesores en grandes hechos y en reputación”. 

           

          Su pontificado se vio turbado por dificultades políticas crónicas, especialmente con el Senado de Roma, lo cual le obligó frecuentemente a residir fuera de Roma. Preocupado por la situación de los santos lugares, suscitó la segunda cruzada y pidió a San Bernardo que fuera el predicador de la misma (6 de marzo de 1146). 

           

          Emprendió viaje a Francia en 1147-1148, circunstancia que le permitió volver a ver a San Bernardo, Claraval y Císter, viaje señalado por los Concilios de París, los sínodos de Tréveris y de Reims, donde fueron examinadas, entre otros asuntos, las posturas doctrinales de Gilberto de la Porrée y las visiones de Hildegarda de Bingen. 

           

           En diciembre de 1149 vuelve a Roma bajo la protección de Roger II de Sicilia, pero debe salir, pues sigue muy viva la hostilidad del senado. Eugenio comienza entonces a tratar con Conrado III y más tarde con su sucesor, Federico I Barbarroja.

 

           El Papa muere en Tívoli el 8 de julio de 1153. 

           

          Cisterciense de corazón, Eugenio fue de los que “quieren permanecer a los pies del Señor con María, y, sin embargo, se ven obligados a  alimentar a las multitudes y a servir como Marta (Carta 412 de San Bernardo). Conservó siempre la simplicidad de vida y el hábito cisterciense, y sabemos que San Bernardo escribió para él el Tratado De Consideratione, en el que evoca los deberes del Papa. Juan de Salisbury lo describe como “un alma llena de delicadeza, y de autoridad, de grandeza y de humildad”.  

 

 

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          Eugenio III fue sepultado en la basílica de San Pedro, cerca del altar de la Virgen en el coro de canónigos, donde también estaba inhumado  Gregorio III. Pero en la actualidad no tiene una tumba propia, pues sus restos fueron colocados en un polyandrium (sepultura común) donde se agruparon los huesos de santos, al que los fieles no tienen acceso en las Grutas vaticanas. El epitafio de su tumba era el siguiente:

 

Hic habet eugenius defunctus carne sepulchrum, / quem pia cum christo vivere cura facit. / Pisa virum genuit, quem claraevallis alumnum/ exhibuit, sacrae religionis opus. / Hinc ad anastasii translatus martyris aedem / ex abbate pater summus in orbe fuit. / Eripuit solemne iubar mundique decorem / iulius octavam sole ferente diem : / conceptum sacrae referebant virginis anni / centum bis seni mille quaterque decem.

 

“En este sepulcro yace el cuerpo mortal de Eugenio, que vive con Cristo por la bondad divina. Pisa engendró al hombre y Claraval formó al alumno en la santidad de la vida religiosa. De ahí pasó al monasterio del mártir San Anastasio, de abad llega a ser sumo pontífice universal. El mes de julio, cuando el sol abría el octavo día, se  llevó al que era faro de luz y esplendor del mundo, en el  año 1153 de la concepción de la Virgen”.

 

 

          Considerado santo ya en vida, los milagros se multiplicaron  junto al sepulcro después de su muerte. Pío IX lo beatificó en 1872.

 

(Sacado de Virgilio Card. NOÈ,  LE TOMBE E I MONUMENTI FUNEBRI DEI PAPI NELLA BASILICA DI SAN PIETRO IN VATICANO, Franco Cosimo Panini, Modena, 2000)

 

 

 

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