Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (Trapenses)


CONSTITUCIONES

para monjes
(m)  y para monjas(f)

Constitutions des moines

Constitutions des moniales

Constitutiones lingua latina redactae (m)
                                                                 
 

Constitutiones lingua latina redactae (f)

Constitutions of the monks

Constitutions of the nuns

                                      

El texto de las Constituciones y Estatutos que presentamos fue aprobado por la Santa Sede en 1990. Han sido incorporados los cambios introducidos por los Capítulos Generales de 1993, 1996 , 1999 y 2002, y  aprobados, cuando fue necesario, por la Santa Sede. Los párrafos modificados de esta manera se señalan con la correspondiente referencia a la RGM y voto. Allí donde la legislación es idéntica para monjes y monjas, se pone solamente el texto para monjes.

I N D I C E

INTRODUCCIÓN

1ª Parte : EL PATRIMONIO CISTERCIENSE
C. 1  La tradición de la O.C.S.O.
C. 2 Naturaleza y fin de la Orden
C. 3  El espíritu de la Orden
C. 4  Características de la Orden

2ª Parte: LA CASA DE DIOS: EL MONASTERIO
C. 5  La comunidad local
C. 6  Composición de la comunidad

Capítulo 1º : LA_VIDA_CISTERCIENSE
C.  7  La observancia regular
C.  8  La consagración monástica
C.  9  La estabilidad en el lugar
C. 10 La conversión de vida
C. 11 La obediencia
C. 12 El hábito monástico
C. 13 La vida cenobítica
C. 14 Unidad y pluralismo en la comunidad
C. 15 La reconciliación con Dios y los hnos.
C. 16 La participación activa de los hnos.
C. 17 La vida litúrgica
C. 18 La celebración de la Eucaristía
C. 19 El Opus Dei
C. 20 El recuerdo de Dios
C. 21 La lectio divina
C. 22 La atención del corazón
C. 23 Las vigilias nocturnas
C. 24 El silencio
C. 25 La ascesis monástica
C. 26 El trabajo
C. 27 La sencillez
C. 28 El ayuno
C. 29 La separación del mundo
C. 30 La acogida de los huéspedes
C. 31 El apostolado de los monjes
C. 32 Relaciones con la Jerarquía de la Iglesia

Capítulo 2º : EL_SERVICIO_DE_LA_AUTORIDAD
C. 33 El ministerio del Abad
C. 34 El gobierno del Abad
C. 35 Los hermanos que tienen cargos
C. 36 La consulta a los hermanos
C. 37 El Capítulo Conventual
C. 38 El Consejo del Abad
C. 39 La elección del Abad
C. 40 La renuncia del Abad

Capítulo 3º :
  La administración de los bienes temporales
C. 41 Los bienes temporales del monasterio
C. 42 La condición jurídica
C. 43 La administración ordinaria
C. 44 La administración extraordinaria

Capítulo 4º : LA_FORMACIÓN
C. 45 El proceso de formación
C. 46 La admisión de los hermanos
C. 47 El maestro de novicios
C. 48 La admisión al noviciado
C. 49 La formación de los novicios
C. 50 La duración del noviciado
C. 51 La admisión a la profesión temporal
C. 52 La profesión temporal
C. 53 Formación de los profesos temporales
C. 54 La admisión a la profesión solemne
C. 55 La renuncia de bienes
C. 56 La profesión solemne
C. 57 /m La ordenación de los monjes
          /f  Fórmula de profesión
C. 58 La formación permanente

Capítulo 5º : La separación de la comunidad
                      y la supresión de un monasterio
C. 59 La solicitud pastoral
C. 60 Tránsito de un hermano a otro monasterio
C. 61 Tránsito a otro instituto
C. 62 La exclaustración
C. 63 Salida de un profeso de votos temporales
C. 64 Salida de un profeso de votos solemnes
C. 65 La expulsión
C. 66 La nueva admisión al monasterio
C. 67 La supresión de un monasterio

Capítulo 6º : LAS_FUNDACIONES
C. 68 Las fundaciones
C. 69 El cuidado de las fundaciones
C. 70 La inculturación

3ª Parte :  LA  O.C.S.O.
C. 71 El vínculo de la unidad
C. 72 Los monjes y monjas de la O.C.S.O.

Capítulo 1º : LAS_FILIACIONES
C. 73 Naturaleza de la filiación
C. 74 El Padre Inmediato
C. 75 La visita regular
C. 76 El capellán de monjas

Capítulo 2º : LAS_ASAMBLEAS_DE_SUPERIORES
C. 77 El Capítulo General
C. 78 Participación en el Capítulo General
C. 79 Competencias del Capítulo General
C. 80 La Comisión Central
C. 81 Las Conferencias Regionales

Capítulo 3º : EL_CARGO_DEL_ABAD_GENERAL
C. 82 El Abad General
C. 83 La elección del Abad General
C. 84 El Consejo del Abad General
C. 85 El Abad de Císter
C. 86 Con el gozo del Espíritu Santo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

1
Los Santos Abades Roberto de Molesmes, Alberico y Esteban Harding dieron una forma peculiar a la tradición benedictina, cuando en el año de salvación de 1098, construyeron el Nuevo Monasterio de Císter, nuestra madre común, y fundaron la Orden Cisterciense.

Hacia el año 1125, el mismo San Esteban instituyó el monasterio de monjas, vulgarmente llamado "Tart", como hija propia de Císter, encomendada al cuidado pastoral del Abad de esta misma casa.

El Exordio Parvo y la Carta de Caridad describen la vocación y la misión que los Fundadores recibieron de Dios y que la Iglesia aprobó y aprueba con su autoridad para su tiempo y para el nuestro.

De tal forma se propagó este ideal de renovación bajo el impulso de San Bernardo de Claraval y otros, que los monasterios de monjes y de monjas, seguidores de la observancia cisterciense, se extendieron más allá de la Europa Occidental. Ya en aquella época se recibieron en la Orden los Hermanos conversos y las Hermanas conversas.

La vida y trabajo de muchos monjes y monjas creó un valioso patrimonio espiritual, que se encuentra reflejado de forma particular en sus escritos y canto, en su arquitectura y arte, e incluso en la sabia administración de sus propiedades.

2
Los monjes y las monjas de la Orden se sienten realmente deudores del movimiento llamado de la "Estrecha Observancia", que, en tiempos difíciles, defendió con tesón algunos valores del patrimonio cisterciense, y que, gracias a los esfuerzos del Abad de Rancé y a las iniciativas de Dom Agustín de Lestrange, se pudieron transmitir a futuras generaciones.

En el año 1892, tres de aquellas Congregaciones, procedentes de Valsanta, se unieron y formaron una Orden autónoma, la Orden de los Cistercienses Reformados de Nuestra Señora de la Trapa, hoy llamada Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.

3
El deseo de una auténtica vida monástica, siempre activo en diversas formas a lo largo de los siglos, continúa animando también hoy a los monjes y monjas de la Orden a renovar diligentemente su vida.

Siguiendo los principios del Concilio Vaticano II, se esfuerzan en adquirir un conocimiento más profundo de sus propias fuentes y al mismo tiempo en ser hoy dóciles a la acción de Dios.

El Capítulo General del año 1969, con la Declaración de la Vida Cisterciense y el Estatuto de Unidad y Pluralismo, reafirmó la adhesión de la Orden a la Regla de san Benito como interpretación del Evangelio que le ha sido transmitida. Dio, además, directrices y abrió nuevos caminos para su fiel observancia en las cambiantes situaciones del mundo.

En estos documentos el Capítulo General distinguió entre el espíritu de la Regla, las observancias fundamentales que constituyen la vida cisterciense, y todo aquello que se puede adaptar a las circunstancias locales.

4
Esta recopilación de Constituciones y Estatutos es el fruto de la experiencia de estos años de renovación. Es de desear que se convierta en instrumento eficaz que ayude a la Orden a conseguir su perfección según el espíritu del Concilio Vaticano II, y a estar cada vez más dispuesta a cumplir su misión específica en la Iglesia y en el mundo.

 

 


 

PRIMERA PARTE

EL PATRIMONIO CISTERCIENSE

 

C.1 La tradición de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia

La Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia proviene de la tradición monástica de vida evangélica expresada en la Regla de Monasterios de San Benito de Nursia.
Los Fundadores de Císter dieron a esta tradición una forma peculiar, cuyos ideales defendieron vivamente los monasterios de la Estrecha Observancia. En el año 1892 se unieron tres Congregaciones de la Estrecha Observancia y formaron una Orden que actualmente se llama: Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.

 

C.2 Naturaleza y fin de la Orden

Dicha Orden es un Instituto monástico íntegramente ordenado a la contemplación. Por eso los monjes se dedican al culto divino según la Regla de San Benito dentro del recinto del monasterio. En soledad y silencio, en oración constante y gozosa penitencia, ofrecen a la divina majestad un servicio, humilde y digno a la vez, observando la vida monástica según se determina en estas Constituciones.

 

C.3 El espíritu de la Orden

1
La forma de vida cisterciense es cenobítica. Los monjes cistercienses buscan a Dios y siguen a Cristo bajo una Regla y un Abad en una comunidad estable, escuela de caridad fraterna. Porque los hermanos tienen un solo corazón y un solo espíritu, lo poseen todo en común. Al llevar unos las cargas de los otros, cumplen la ley de Cristo y, al participar de su pasión, esperan entrar en el reino de los cielos.

2
El monasterio es escuela del servicio divino. En ella Cristo se forma en los corazones de los hermanos mediante la liturgia, la enseñanza del Abad y la vida fraterna. Por la Palabra de Dios los monjes se instruyen en la disciplina del corazón y en la ascesis. De este modo, dóciles al Espíritu Santo, pueden alcanzar la pureza de corazón y el recuerdo constante de la presencia de Dios.

3
Los monjes siguen las huellas de quienes, en tiempos pasados, fueron llamados por Dios al combate espiritual en el desierto. Como ciudadanos del cielo se hacen extraños a la conducta del mundo. Viviendo en la soledad y el silencio anhelan la paz interior en la que se engendra la sabiduría y se niegan a sí mismos para seguir a Cristo. Combaten la soberbia y la rebelión del pecado con la humildad y la obediencia. Buscan la bienaventuranza prometida a los pobres en la sencillez y el trabajo.

Gracias a una gozosa hospitalidad, comparten con los que también son peregrinos como ellos, la paz y la esperanza que Cristo brinda generosamente.

 

4
El monasterio es figura del misterio de la Iglesia. En él nada se antepone a la alabanza de la gloria del Padre; no se ahorra esfuerzo alguno para que toda la vida comunitaria se acomode a la ley suprema del Evangelio, de tal modo que la comunidad no carezca de ningún don espiritual. Los monjes se esfuerzan por vivir en comunión con todo el pueblo de Dios; participan en la espera y en la búsqueda de la unión de todos los cristianos. Con su vida monástica llevada con fidelidad, y por la secreta fecundidad apostólica que les es propia, sirven al pueblo de Dios y a todo el género humano. Todas las iglesias de la Orden y todos los monjes están consagrados a la Bienaventurada Virgen María, Madre y Figura de la Iglesia en la fe, en la caridad y en la perfecta unión con Cristo.

5
Toda la organización del monasterio tiene como fin que los monjes se unan íntimamente a Cristo, porque sólo en el amor entrañable de cada uno por el Señor Jesús pueden florecer los dones peculiares de la vocación cisterciense. Los hermanos solamente serán dichosos perseverando en la vida sencilla, escondida y laboriosa, si no anteponen absolutamente nada a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna.

 

C.4 Características de la Orden

1
El vínculo de la caridad congrega en la unidad a las comunidades de la Orden extendidas por todo el mundo. Unidas por esta comunión se ayudan unas a otras a conocer más profundamente y expresar con mayor eficacia el patrimonio común. Además se animan y confortan mutuamente en las diversas dificultades.

2
Esta comunión se expresa jurídicamente en el régimen de la Orden según la Carta de Caridad interpretada por las normas de las presentes Constituciones. Los Abades y Abadesas, congregados en dos Capítulos, comparten la común solicitud en lo espiritual y en lo material en favor de todas las comunidades de la Orden. Dicho cuidado pastoral se ejerce, según la tradición, mediante las instituciones de Filiación, Visitas y Capítulo General. Han surgido, además, otros órganos de diálogo, de colaboración y servicio mutuo que fomentan la comunión de toda la Orden y adaptan eficazmente el proyecto de los Fundadores a las condiciones actuales.

3
Los Cistercienses de la Estrecha Observancia, según la Carta de Caridad, deben vivir con una misma caridad, una misma Regla y costumbres semejantes. Corresponde a cada comunidad, en diálogo con las demás, abrir nuevos cauces para expresar vitalmente el patrimonio de la Orden en su propia cultura, teniendo en cuenta sus circunstancias particulares, pero observando siempre las normas establecidas por el Capítulo General.

 

 


 

SEGUNDA PARTE

LA CASA DE DIOS: EL MONASTERIO

 

C.5 La Comunidad local

Los hermanos, congregados por la llamada divina, forman una iglesia o comunidad monástica, célula fundamental de la Orden.

 

Est. 5.A

a.
La forma tradicional de la comunidad es la de ser autónoma en calidad de abadía.

Para ser declarada como tal, debe cumplir las condiciones definidas por el Estatuto

de Fundaciones (N. 15), de suerte que la observancia monástica se pueda vivir

plenamente según la Regla de San Benito, la tradición cisterciense y las presentes

Constituciones.
b.
Si estas condiciones no se cumplen, pero la comunidad responde a los criterios definidos por el Estatuto de Fundaciones (N.15) para ser autónoma, ella es, según los casos, priorato mayor o priorato simple. El priorato simple sigue gozando del derecho de ayuda de la casa fundadora en personal y en recursos económicos.

 c.

 Una fundación forma parte de la casa fundadora y no es autónoma. Permanece como    superior suyo el de la casa fundadora. Las condiciones de acceso a la autonomía, como las del paso de un priorato simple al rango de priorato mayor, o de un priorato mayor al de abadía, se definen en el Estatuto de Fundaciones (Cf. N 15)

                                   

Est. 5.B

Salvo mención en contra, lo que se dice a continuación de la comunidad local 

vale en igualdad de derechos para la abadía, el priorato Mayor, el priorato simple

y la fundación. (RGM 2002, voto 88)

 

C.6 Composición de la Comunidad

La comunidad está compuesta por los hermanos que han profesado en ella, los novicios, otras personas admitidas por razón de prueba y los oblatos.

 

Est.6.A/m
Entre los profesos mencionados se encuentran los hermanos conversos que hicieron su profesión antes del Decreto de Unificación del año 1965. Se equiparan en todo a los demás hermanos, quedando a salvo sus derechos adquiridos.

Est. 6.A /f
Entre las profesas mencionadas se encuentran:
    a.
    Las hermanas conversas que hicieron su

    Profesión  antes del Decreto de Unificación del año 1965.
    b.
    Las hermanas externas.

 

Est.6.B
Los oblatos participan de la vida de la comunidad de acuerdo con las normas del Estatuto de Oblatos promulgado por el Capítulo General, y las costumbres locales.

 

Est. 6.C/m
Los hermanos procedentes de otros  monasterios

De la Orden, que viven allí de manera prolongada participan de la vida de la comunidad, salvo en lo

que respecta al Capítulo Conventual.

(RGM.2002, voto 89)

Est. 6.C/f

Las hermanas procedentes de otros monasterios

de la Orden, que viven allí de manera prolongada

participan de la vida de comunidadsalvo  en lo que respecta al Capítulo conventual.(RGM 2002, voto 89)

Est. 6.D

Cada comunidad puede definir, con prudencia, ante la ley civil de su país, su estatuto y su composición.(RGM 2002, voto 90)  

 

 

CAPÍTULO I:   LA FORMA DE VIDA CISTERCIENSE


C.7 La observancia regular

La forma de vivir en la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia es una vida consagrada a Dios y se manifiesta en la unión fraterna, en la soledad y silencio, en la oración y trabajo, y en la disciplina de vida. Con su misteriosa fecundidad apostólica dilata el Cuerpo Místico de Cristo.

 

C.8 La consagración monástica

Por la profesión monástica, el hermano es consagrado a Dios, y es incorporado a la comunidad que le acoge. Al mismo tiempo se renueva y se vivifica la consagración ya recibida en los sacramentos del Bautismo y Confirmación. Y por una constante estabilidad se obliga a la auténtica conversión de vida en animosa obediencia hasta la muerte.

 

C.9 La estabilidad en el lugar

Por el voto de estabilidad en su comunidad, el hermano, confiando en la providencia de Dios que le ha llamado a este lugar concreto y a este grupo de hermanos, se obliga a poner en práctica allí constantemente los instrumentos del arte espiritual.

 

C.10 La conversión de vida

Por el voto de conversión de vida, el hermano, buscando a Dios en la sencillez de su corazón guiado por el Evangelio, se obliga a la disciplina cisterciense. Sin reservarse nada de sus bienes, ni siquiera el dominio de su propio cuerpo, renuncia incluso a la capacidad de adquirir y poseer, y profesa también continencia perfecta en el celibato por el reino de los cielos.


C.11 La obediencia

Por el voto de obediencia, el hermano, con el deseo de vivir bajo una Regla y un Abad, promete cumplir todo lo que le manden sus superiores legítimos según estas Constituciones. Así, renunciando a su propia voluntad, sigue el ejemplo de Cristo, hecho obediente hasta la muerte, y se entrega a la escuela del servicio divino.


C.12 El hábito monástico

El hábito propio de los cistercienses es la cogulla blanca. Se impone el día de la profesión solemne, y es signo de la consagración del monje y de la unidad de toda la Orden.

 

Est.12.A/m
El hábito que, según la tradición, consta también de túnica blanca, escapulario negro y cinturón de cuero, puede adaptarse a las condiciones locales.

 

Est.12.A/f
El hábito que, según la tradición, consta también de túnica blanca, escapulario y velo negros, y cinturón de cuero, puede adaptarse a las condiciones locales.

Est.12.B/m
Los profesos temporales y los novicios usan capa en vez de cogulla. El escapulario de los novicios es blanco.

Est. 12.B /f
Las profesas temporales y las novicias usan capa en vez de cogulla. El escapulario y el velo de las novicias son blancos.

C.13 La vida cenobítica

1
El monje lleva vida común en su propio monasterio. Esta es la ley de la vida común: unidad de espíritu en la caridad de Dios, vínculo de paz en la mutua y constante caridad de todos los hermanos, comunión en el compartir todos los bienes.

 

Est.13.1.A
La mesa común significa y fortalece la concordia entre los hermanos. Por eso deben comer todos juntos y nadie se excusará sin causa razonable.

Est. 13.1.B /m

Si hay celdas, el Abad determinará su uso según la costumbre local. Si sirven para la lectio y la oración de los hermanos, estén dispuestas de tal forma que las favorezcan y salvaguarden la dignidad de la persona; pero que no perjudiquen la vida común, y permanezcan sencillas conforme a la sobriedad cisterciense. El Abad puede visitarlas.

Est. 13.1.B /f

Si hay celdas, la Abadesa determinará su uso según la costumbre local; pero no perjudiquen la vida común. Sean sencillas, conforme a la sobriedad cisterciense. La Abadesa puede visitarlas.

 

2
Tolérense los hermanos sus debilidades con suma paciencia y sírvanse unos a otros con humildad. Ayuden con la oración y otros medios oportunos a los débiles, vacilantes y enfermos. Cuiden con previsora y afectuosa solicitud a los enfermos, ancianos y moribundos.

 

Est.13.2.A
El Abad ponga suma atención para que se sirva a los enfermos y ancianos con gran esmero y amor, como a Cristo. Si es posible, se les administrará la Unción de los Enfermos en comunidad.

 

3/m
El monje no puede salir del monasterio sin licencia de su Abad. Si se trata de

una ausencia prolongada, el Abad,

con el consentimiento de su Consejo

y por justa causa, puede autorizar a

un monje para que permanezca fuera

del monasterio, pero no más de un año,

a no ser por enfermedad o motivos de

estudios o, en caso extraordinario,

para vivir como ermitaño.

 

Est.13.3.A/m
El Abad, oído su Consejo, puede permitir a un hermano llevar vida eremítica. El ermitaño permanece bajo la autoridad del Abad. Si el ermitaño desea residir fuera del monasterio, el Abad necesita el consentimiento del Consejo y,  si es clérigo, el del Obispo del lugar donde residirá.(RGM 2002, voto 97)

 

3/f
La monja no puede salir del monasterio sin licencia de su abadesa y del Padre Inmediato, o del obispo. Si se trata de una ausencia prolongada, se han de seguir las normas para la clausura de las monjas dadas por la Santa Sede.

 

4/f
La Abadesa, oído su Consejo y con el consentimiento del Padre Inmediato o del obispo, en casos extraordinarios, puede permitir a una hermana llevar vida eremítica dentro de la cerca del monasterio. La ermitaña sigue bajo la autoridad de la Abadesa.

 

C.14 Unidad y pluralismo en la comunidad

1
La comunidad forma un cuerpo en Cristo. Cada uno de los hermanos, compartiendo con los demás los dones espirituales recibidos según la multiforme gracia de Dios, ponga sumo empeño en edificar la fraternidad.

2
El esencial equilibrio de la vida cisterciense entre Opus Dei, oración, lectio divina y trabajo manual se establece según el carácter, formación y progreso de cada uno. El Abad juzgue y disponga todo de tal modo que cada hermano pueda crecer en la vocación cisterciense.

 

 

 

C.15 La reconciliación con Dios y con los hermanos

1
Mantener la unidad entre los hermanos depende del empeño mutuo y sincero en la reconciliación Por eso, para que desaparezcan de la comunidad las espinas de los escándalos, los hermanos no guardarán resentimiento alguno, sino que harán las paces lo antes posible con el hermano en discordia.

 

Est.15.1.A
Ayúdense los hermanos unos a otros con una corrección humilde y discreta, según el espíritu evangélico. La comunidad concretará el modo más apropiado para ello.

 

 

2/m

Confiesen los hermanos sus pecados a Dios cada día en la oración y acudan con frecuencia al sacramento de la reconciliación.

2/f
Confiesen las hermanas sus pecados a Dios cada día en la oración, y acudan con frecuencia al sacramento de la reconciliación. La Abadesa facilite este acercamiento.

 

Est. 15.2.A
El Abad puede disponer oportunamente alguna celebración comunitaria de la Penitencia.

 

C.16 La participación activa de los hermanos

1
Los hermanos tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida común; si bien esta participación puede ejercerse de diversas maneras.

2
Todos los hermanos están llamados a la mutua solicitud, cooperación y obediencia. Preocúpense, por tanto, de la salud espiritual de la comunidad, sabiendo que el buen celo de uno beneficia a todos, mientras que el malo perjudica.

3
El Abad gobierne a los hermanos con respeto hacia la persona humana, creada a imagen de Dios; promoviendo la obediencia voluntaria y cultivando oportunamente las habilidades y capacidades intelectuales de aquéllos. Dirija de tal forma a los hermanos en el cumplimiento de sus cargos y tareas encomendadas que éstos cooperen con una obediencia activa y responsable, quedando a salvo sin embargo la autoridad del Abad para decidir y ordenar lo que se ha de hacer.

4
El Abad y sus colaboradores den a conocer a los hermanos lo que es de interés común, y acojan de buena gana sus sugerencias y deseos.


C.17 La vida litúrgica

1
El fin espiritual de la comunidad se manifiesta especialmente en la celebración litúrgica; en ella se robustece y aumenta el sentido íntimo de la vocación monástica y la comunión entre los hermanos. Se escucha diariamente la Palabra de Dios, se ofrece a Dios Padre el sacrificio de alabanza, se participa en el misterio de Cristo y se realiza la obra de santificación por el Espíritu Santo.

 

Est.17.1.A
La liturgia se celebra según el rito al que pertenece la comunidad. Según el carácter propio de cada rito, celébrese en conformidad con la tradición cisterciense, según las normas aprobadas por el Capítulo General, y, en los casos que se requiere, confirmadas por la Santa Sede. (RGM 2002, voto 97)

 

2
Los tiempos del año litúrgico son de gran utilidad para alimentar y enriquecer la vida contemplativa de los hermanos, ya que ofrecen un firmísimo fundamento para la predicación y enseñanza de la comunidad.

3
El domingo, dedicado al misterio de la Resurrección, es día de alegría y se suspende el trabajo. De ese modo los hermanos procuren participar juntos en la Eucaristía y entregarse a la lectio divina y a la oración  con más tiempo y mayor dedicación.

 

C.18 La celebración de la Eucaristía

La Eucaristía es manantial y cumbre de toda vida cristiana y de la comunión de los hermanos en Cristo; por eso debe celebrarse diariamente por toda la comunidad. Por la participación en el misterio pascual del Señor los hermanos se unen más íntimamente entre sí y con toda la Iglesia.

 

 

C.19 El Opus Dei

1
Nada se anteponga al Opus Dei. Por ello la comunidad celebra la Liturgia de las Horas y cumple, en unión con la Iglesia, la función sacerdotal de Cristo, ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza e intercediendo por la salvación de todo el mundo.

 

Est.19.1.A/m
El Opus Dei, como medio para santificar la jornada, se ha de celebrar a las horas establecidas por la tradición cisterciense y la costumbre local.

Est.19.1.A/f
El Opus Dei, como medio para santificar la jornada, se ha de celebrar a las horas establecidas por la tradición cisterciense.

 

2
La Liturgia de las Horas es escuela de oración continua y tarea privilegiada de la vida monástica. El Abad tiene la responsabilidad de promover entre los hermanos el celo

por el Opus Dei.

 

Est.19.2.A
Las celebraciones deben realizarse de modo que expresen el espíritu de la comunidad y anime a los hermanos a una participación plena.

Est.19.2.B
El Abad, en casos particulares, puede determinar el modo de participación de un hermano en la liturgia coral de las Horas; pero no lo haga sin un discernimiento serio con el hermano y teniendo en cuenta las necesidades de la comunidad.

Est.19.2.C
El Abad General, con el consentimiento de su Consejo, puede dispensar a una comunidad en casos excepcionales de una o dos Horas Menores.

 

3/m
El hermano que ha estado ausente de

 la celebración coral recite las Horas

 según las disposiciones del Abad y

 las normas del Derecho Universal.

3/f
La hermana que ha estado ausente de la celebración coral recite las Horas según las disposiciones de la Abadesa.


C.20 El recuerdo de Dios

Los hermanos, fomentando constantemente el recuerdo de Dios, prolongan el Opus Dei a lo largo del día. Vele, pues, el Abad para que cada uno disponga ampliamente de tiempo libre para dedicarse a la lectura y a la oración. Procuren todos que los alrededores del monasterio favorezcan el silencio y la quietud.

 

Est.20.A
Reserven todos los hermanos por lo menos seis días al año para el retiro espiritual.

 

C.21 La lectio divina

La lectio divina asidua fomenta sobremanera la fe de los hermanos en Dios. Este incomparable ejercicio de la vida monástica, en la que se escucha y rumia la Palabra de Dios, es fuente de oración y escuela de contemplación, en la que el monje dialoga con Dios de corazón a corazón. Por tanto, dediquen los hermanos cada día a esta lectura un tiempo conveniente.

 

Est.21.A
La tradición ha tenido en gran estima la lectio divina hecha en común; lo cual se recomienda especialmente durante la cuaresma.

Est. 21.B /f

El escritorio es el lugar tradicional para dedicarse a la lectio divina.

                                     
 

C.22 La atención del corazón

Entréguense los monjes frecuentemente a la oración con ardiente deseo y espíritu de compunción. Estando en la tierra, viven con su espíritu en el cielo y desean la vida eterna con todo afán espiritual. Tengan siempre presente en sus corazones a la Virgen María, Asunta al cielo, vida, dulzura y esperanza del que peregrina en la tierra.

 

Est. 22.A/m

El abad facilite prudentemente  tiempo a los hermanos para que lo dediquen cada día a la lectio divina y a la oración. (RGM 2002, voto 96)

 

Est. 22.A/f

La abadesa facilite prudentemente tiempo a
las hermanas para que lo dediquen cada día a la lectio divina  y a la oración. (RGM 2002, voto 96)

 

C.23 Las vigilias nocturnas

Conforme a la tradición de la Orden, las horas que preceden a la salida del sol son las más apropiadas para consagrarlas a Dios mediante la celebración de las Vigilias, la oración y la meditación, en atenta espera de la venida del Señor.

 

Est.23.A
La hora de levantarse los hermanos se determina de modo que las Vigilias mantengan su carácter nocturno.


C.24 El silencio

El silencio se considera como uno de los valores monásticos más importantes de la Orden; asegura al monje la soledad en la comunidad; favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna; abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo; estimula la atención del corazón y la oración solitaria con Dios. Por tanto, en todo tiempo, pero sobre todo durante las horas nocturnas, esmérense los hermanos en ser fieles al silencio, custodio de las palabras e incluso de los pensamientos.

 

Est.24.A
Según la tradición de la Orden, debe guardarse silencio especialmente en los lugares regulares: la iglesia, los claustros, el refectorio y el escritorio. Las comunidades de la Orden no tienen recreación.

Est.24.B
Otras normas que regulan el uso de la palabra, especialmente en el capítulo y las celdas, las determina cada comunidad y deben revisarse en la Visita Regular. (RGM 2002, voto 91)


C.25 La ascesis monástica

La quietud del alma, que se cultiva en el silencio, es fruto, sobre todo, de la pureza y sencillez de corazón. Por eso el monje abrace gustosamente y con espíritu de gozosa penitencia los medios que para este fin emplea la Orden: el trabajo, la vida escondida, la pobreza voluntaria, las vigilias y los ayunos.

 

C.26 El trabajo

El trabajo, sobre todo el manual, que ofrece a los monjes la ocasión de participar en la obra divina de la creación y restauración, y seguir las huellas de Cristo Jesús, goza siempre de alta estima en la tradición cisterciense. Este trabajo, arduo y redentor, procura la subsistencia a los monjes y a otras personas, especialmente a los pobres, y es signo de solidaridad con el mundo obrero.

Es además ocasión de una ascesis fecunda que ayuda al desarrollo y madurez de la persona, favorece su salud física y psíquica y contribuye sobremanera a la cohesión de la comunidad.

 

Est.26.A
El tiempo dedicado al trabajo se determina según las exigencias de la vida monástica y las necesidades del lugar. Los hermanos trabajan al menos cuatro horas diarias, sin pasar habitualmente de seis.

 

C.27 La sencillez

A ejemplo de los Padres de Císter, que cultivaban unas relaciones sencillas con el Dios simplicísimo, el estilo de vida de los hermanos sea sencillo y frugal. En la casa de Dios todo esté dispuesto de tal modo en cuanto a la forma de vida que, evitando toda superfluidad, la sencillez misma eduque a todos. Aparezca claramente en los edificios y en el mobiliario, en la comida y en el vestir, e incluso en las celebraciones litúrgicas.

 

Est.27.A
El monasterio sobresalga por su sencillez y belleza. Procuren los hermanos mantener cuidadosamente los alrededores del mismo y aprovechar sabiamente sus recursos naturales.

 

C.28 El ayuno

El ayuno monástico expresa la humilde condición de la criatura ante Dios, despierta en el monje el deseo espiritual y le permite participar de la compasión de Cristo para con los hambrientos. Los hermanos observen el ayuno de Cuaresma, el de Pascua y los demás ayunos según la costumbre de la Orden y las disposiciones del Abad.

Est.28.A
El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo será suficiente pan y agua al mediodía, o algo similar.

Est.28.B
Siguiendo la tradición absténganse en todo tiempo los hermanos de comer carne, salvo en caso de necesidad.

Est.28.C
Si algún hermano, movido por la gracia de Dios, desea observar un ayuno más riguroso, consúltelo con su Abad.

 

C.29 La separación del mundo

1
Los que no anteponen nada al amor de Cristo se hacen ajenos a la conducta del mundo. Esto exige, según la tradición monástica, cierto grado de separación física. Por eso se construye el monasterio de modo que garantice totalmente la quietud y soledad de sus moradores.

2/m
Las dependencias donde viven y trabajan los monjes les están estrictamente reservadas; sin embargo, los fieles pueden acudir a la iglesia especialmente cuando se celebra públicamente el culto divino. Pertenece al Abad, con el consentimiento de su Consejo, establecer los límites reservados como estricta clausura; a él corresponde permitir, por justa causa, la entrada de los extraños y la salida de los monjes.

 Obsérvese la necesaria discreción en el uso de los medios de comunicación social, es decir, radio, televisión y teléfono.

 Sólo se permite su uso si queda cuidadosamente garantizada la índole peculiar de la vida contemplativa.

 Se formará a los monjes diligentemente en esta disciplina de la separación del mundo. La aplicación de estos principios incumbe no sólo al Abad sino a todos los hermanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2/f
Las dependencias donde viven y trabajan las monjas, excepto la portería y hospedería, están sometidas a la ley de la estricta clausura; sin embargo, los fieles pueden acudir a la iglesia, especialmente cuando se celebra públicamente el culto divino.

3/f
Pertenece a la Abadesa, con el consentimiento de su Consejo, establecer los límites reservados a la estricta clausura.

4/f
Obsérvense las normas del Derecho Universal sobre la salida de las hermanas de clausura y la  entrada de extraños a la misma.

5/f
Incumbe a la Abadesa la responsabilidad y la aplicación de las normas de la clausura. Junto con ella, las hermanas sean solícitas en la observancia de estas normas, por eso son formadas cuidadosamente en esta disciplina de la separación del mundo.

6/f
El Padre Inmediato, según la C.74 y C.75, o el ordinario del lugar, velan por la observancia de la clausura, que será examinada en la Visita Regular.

7/f
La Abadesa cuida de que la entrada de extraños no perjudique la vida regular. No es lícito a ninguna hermana entablar relaciones con los de fuera sin el consentimiento de la Abadesa.

8/f
Por lo que respecta al uso de los medios de comunicación social, se observan las normas del Derecho Universal.

 

C.30 La acogida de los huéspedes

Todo monasterio, según los tiempos y lugares, mantenga la tradición de recibir

a los huéspedes y a los necesitados como a Cristo.
Los hermanos recibirán con bondad y reverencia a todos aquellos que la divina

providencia guíe al monasterio, sin que este servicio perturbe la quietud monástica.

 

Est. 30.A
Quienes van al monasterio buscando una oración más profunda gocen de la ayuda de la comunidad.

Est.30.B
Por providencia de Dios, los monasterios son lugares santos, no sólo para quienes participan de la misma fe, sino para todos los hombres de buena voluntad.

Est.30.C
La comunidad disponga cómo han de participar los huéspedes en el Opus Dei.

Est.30.D
A los familiares de los hermanos se les recibirá muy coridalmente, pero como corresponde a la vocación monástica.

 

C.31 El apostolado de los monjes

La fidelidad a la vida monástica está íntimamente unida con el celo por la extensión del Reino de Dios y la salvación de todos los hombres. Los monjes llevan en el corazón esta solicitud apostólica. La vida contemplativa es su forma propia de participar en la misión de Cristo y de la Iglesia y de insertarse en la iglesia local. En consecuencia, por mucho que urja la necesidad del apostolado activo, no pueden ser llamados a colaborar en los distintos ministerios pastorales ni prestar su servicio en actividades externas.

 

Est.31.A/m
Si en circunstancias especiales se pide alguna ayuda pastoral al monasterio, y el Abad juzga conveniente aceptar la petición, confíe ese ministerio a un hermano competente para ello y dispuesto a hacerlo.

Est.31.A/f
Si en circunstancias especiales se pide alguna ayuda pastoral a la comunidad, dentro de los límites del monasterio, y la Abadesa juzga conveniente aceptar la petición, confíe ese ministerio a una hermana competente para ello y dispuesta a hacerlo.

 

C.32 Relaciones con la Jerarquía de la Iglesia

Fomenten los monjes los lazos de caridad con la iglesia particular a la que pertenecen y con su Obispo, a quien honran con piadosa sumisión y respeto. Obedezcan humildemente al Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, como a su Pastor Supremo, también en virtud del voto de obediencia.

 


CAPÍTULO II:   EL SERVICIO DE LA AUTORIDAD


C.33 El ministerio del Abad

1
El Abad, elegido entre los hermanos, recibe de Dios su potestad por el ministerio de la Iglesia. Creemos que hace las veces de Cristo en el monasterio. Como padre de toda la comunidad la sirve en lo espiritual y en lo temporal.

2
El Abad ejerza la solicitud pastoral con el rebaño que se le ha confiado. Manifieste a todos la bondad y la benevolencia de Cristo, procurando ser más amado que temido, adaptándose al carácter de cada uno y animando a los hermanos a recorrer el camino de su vocación divina con espíritu generoso y alegre. Ore asiduamente a Dios por cada uno de los hermanos.

3
El Abad, maestro en la escuela de Cristo, es guardián de la fidelidad de los discípulos a la tradición monástica. Aliméntelos con el pan de la Palabra de Dios y con su ejemplo. No descuide alimentarse él mismo con la Sagrada Escritura y la sabiduría de los Padres. Sea fácilmente accesible a todos los monjes para el diálogo personal.